Siendo las 15:00 horas en Zarzal, Valle del Cauca nos reunimos en casa de Julián después de almorzar junto a su familia para alistar maletas con lo necesario e ir en busca de la montaña durante un fin de semana junto a nuestros compañeros de viaje: César, Kevin y Cristian a desconectarnos de todo lo innecesario y vivir una aventura llena de incertidumbre, largas caminatas y maravillosas postales naturales. Llegamos a Armenia, Quindío Julián, César y mi persona a las 17:00 horas aproximadamente a la terminal para tomar un bus urbano que nos llevaría al hermoso municipio de Salento, donde pasaríamos la noche en un hostal no sin antes dar una vuelta por el turístico lugar y esperar el encuentro con Cristian y Kevin que llegaban desde Tuluá, Valle del Cauca. Llegaron y nos juntamos en el mirador donde comimos solterita (dulce típico colombiano), conversamos, tomamos fotografías y avistamos el área que nos rodeaba mientras el viento templado nos abrazaba a las alturas en compañía de personas de diversas partes del mundo que pasaban de visita al igual que nosotros.

A eso de las 19:00 horas fuimos a comer pizza junto a un amigo más que nos recibió en su pueblo y acompañó en la cena para posteriormente ir al bar del hostal a organizar las rutas, establecer los planes y posteriormente relajarnos mientras nos dedicamos a tomar unas cervezas y contar anécdotas personales de cada miembro para conocernos un poco más, entablando así lazos de hermandad para lo que sería el día siguiente el inicio de una aventura nueva para la mayoría y un reto para todos. A las 8:00 horas del día sábado salimos desde Salento hacia El Valle del Cócora, hermoso lugar rodeado de la Palma de Cera, insignia representación de la flora colombiana ante el mundo, clima templado perfecto, desde donde inicia el ascenso a la finca La Argentina a 3.400 m.s.n.m donde debíamos alimentarnos, tomar bebidas calientes, bañarnos, aclimatarnos y pasar la noche para el domingo hacer iniciar el camino a cumbre desde la madrugada. 

Foto: @saldana.fotografia

Llegamos aproximadamente a las 15:30 horas, después de haber caminado, analizado y vivido el camino con toda la belleza natural que nos rodeaba solo acompañados por nuestros compañeros y la música que ejecutan entre sí los animales y el viento al chocar contra árboles, arbustos y montañas, lo que genera una sensación de calma, paz y temor a la vez al sentirse una profunda soledad y lejanía cuando se entra más y más a las profundidades de la nada, pero teniendo presente que tan solos no estaríamos. Tomamos las fotografías pertinentes durante el camino, hicimos las paradas necesarias para divisar la inmensidad y maravillas de la naturaleza, reflexionando, pensando y conversando internamente en primera instancia durante cada paso, pero también con nuestros compañeros de equipo que allá se convierten en una familia que se ayuda mutuamente sin necesitar nada a cambio más que el bienestar del otro. El camino es un disfrute doloroso, que en cada momento te regala recompensas que quedan para siempre en la memoria y relucen cuando compartes anécdotas e historias vividas en ese instante con otras personas y dibujas con la expresión corporal lo que sentiste.

Foto: @thechrismaru

Siendo las 17:00 horas después de almorzar, bañarnos y descansar un poco, salimos a un espacio abierto acompañados de ovejas, perros, gallinas, vacas, mulas, cerdos y hasta patos que vivían tranquilamente a esa altura como si nada los inmutara, había paz en ese sitio, ningún espacio se prestaba para pensar en otra cosa que no fuera solo ese momento, sostenerlo, abrazarlo y esperar que durara mucho; el presente estaba allí en su máxima expresión, todo se pone en su justa proporción donde únicamente lo necesario es válido, ese día y esa hora, nuestros amigos, la familia, los animales, las montañas y el viento era lo único importante, nada más.

Regresamos al interior de la cabaña para cenar en la cocina junto a las personas que nos atendían y otros aventureros de Norte América y Europa que venían a disfrutar de los paisajes naturales de Colombia; todos con una sonrisa, buena vibra y la mejor energía. El agua de panela caliente, completamente necesaria y la comida exquisita desde donde se le mire, nos daba el espacio perfecto para recargar fuerzas, pasar a reunirnos para planear el ataque a cumbre desde tempranas horas de la madrugada. Se hizo todo como acordamos, Julián dirigió la charla y estableció los parámetros a seguir, ya que dirigía la aventura porque ya lo había conseguido antes y afortunadamente todo salió bien; nos dispusimos a alistar maleta con lo necesario para finalmente salir en plena noche helada a observar el cielo estrellado, tomar algunas fotografías de la mano de Cristian y Kevin y maravillarnos de la compañía galáctica que se veía justo arriba de nosotros antes de ir a la cama.

Nos levantamos a las 3:00 horas del domingo, desayunamos sándwiches que teníamos preparados un día antes con café caliente, tomamos las maletas ya listas e iniciamos ruta al ascenso del Paramillo del Quindío con Cesar como guía acompañado de un gato de un color que no pudimos identificar por la oscuridad y que simplemente le llamamos ángel, que nos mostraba el camino apareciendo y desapareciendo con las horas mientras caminábamos y nos íbamos adaptando a la altura y el frío, respirando lento y realizando paradas poco prolongadas únicamente para comer algo con el objetivo de que rindiera el camino. Mientras el sol nacía detrás de las montañas laterales a nuestra vista, llegábamos a un paraíso lleno de frailejones de todos los tamaños, que representaban cada uno muchos años de existencia y nos hacían sentir mínimos ante la infinidad de la naturaleza, pero abrazados de un silencio eterno que solo el fuerte viento golpeando en nuestras caras y la baja temperatura en las manos podía opacar por instantes, mientras hacíamos nuestra antepenúltima parada pensando ya en alcanzar el pico en unas horas más y proporcionando calorías al cuerpo comiendo snacks y chocolates.

A eso de las 8:00 horas estábamos ya en la falda de la montaña objetivo y se podían observar desde las rocas de un lago volcánico todos los colores de otoño que hacían parte del hermoso Paramillo que con el agotamiento se convertía en un reto mayor aún que motivaba o hacía decaer los ánimos dependiendo la actitud con la que se tomara. Nuestro equipo que ya era una familia siguió con lo pactado y asumió con ímpetu la tarea de dar paso a paso, lo que desde ese momento se hace cada vez más complejo ya que se debe coordinar la respiración, la concentración y los movimientos de las extremidades para así mantenerse enfocado mientras se avanza, manteniendo un ritmo constante que pudiéramos soportar sin perder tanta energía que se necesitaría en los últimos metros antes de asaltar cumbre.

Llegamos subiendo muy lentamente al borde de la montaña que exige un momento de pausa para simplemente llenar tus ojos de magia, allí donde se experimenta la primera alegría, ya que a pocos metros tienes la cumbre pero al mismo tiempo te encuentras en un triángulo del cual se desprenden los departamentos del Quindío, Tolima y Risaralda además de un abismo sumamente terrorífico mientras el viento sopla fuerte empujando hacia él, debes aferrarte con los bastones ya que el suelo es extremadamente arenoso y se tiende a resbalar muy fácil; el sol imponente se suma quemando nuestras caras más cerca de lo habitual sacando de cada uno sentimientos tan humanos como el miedo, la preocupación, la rabia por los dolores y el cansancio pero llenos de adrenalina sabiendo que en poco tiempo estaríamos en la cima. 

Finalmente siendo las 11:30 horas y estando a 4.735 m.s.n.m Julián llega de primero y saca su celular para grabar a los que seguíamos gritando con euforia: ¡CUMBRE, CUMBRE! Lo que motivaba más a quiénes pisamos minutos después el lugar y constatamos la hermosa vista, esperando a que poco a poco se reuniera todo el equipo. Divisaba atrás el imponente Nevado del Tolima que se dejaba ver plenamente como si supiera que estábamos allí observándolo enamorados de su belleza; la nieve se veía plenamente. Nos juntamos felices, tomamos fotografías mientras pensaba sobre el enorme esfuerzo que toma llegar a un lugar del que sabes en pocos minutos tienes que irte para no tener líos graves por frío, hambre o mal de altura, trayendo esto consigo enseñanzas para la vida misma: ser humildes, entender que el universo es completamente indiferente a nuestros problemas, intentos fallidos o alegrías y lo diminutos que somos ante la inmensidad de la naturaleza que nos rodea y poco conocemos. 

Foto: @saldana.fotografia

Empezamos a descender a los pocos minutos porque el objetivo había cambiado y debíamos llegar a la finca La Argentina donde habíamos pasado la noche, para almorzar, recoger nuestras pertenencias y seguir el recorrido para llegar al Valle del Cocora, lugar de inicio de la travesía lo más temprano posible, con pocas pausas para que rindiera el camino y pudiéramos estar en la noche en casa. Llegamos a las 15:30 horas a la finca, tratamos de hacer todo rápido pero el tiempo pasaba rápido y el cansancio era más que evidente, los pasos se hacían más lentos y nos sentíamos más pesados, mis pies no soportaban una pisada más pero sabía que faltaban horas para culminar el recorrido por lo que se debía soportar; acá ya somos más mente que cuerpo, los descensos parecen más “fáciles” pero no lo son tanto cuando los llevas a cabo. La noche llegó con el paso de las horas, las linternas eran necesarias, las provisiones se iban agotando y los sentimientos de ansiedad por llegar a lugares conocidos salían a luz, sabes que no hay comunicación con el mundo exterior, estamos rodeados de naturaleza, animales y lo único que tenemos es la compañía de nuestros compañeros.

Siendo las 21:00 horas ya los sentimientos eran desesperantes un poco porque el dolor en los pies se hacía completamente notorio y soñaba con poder solo sentarme y tirar las zapatillas lo más lejos posible, sentías los mosquitos en la cara como queriendo molestarte por invadir su territorio y la humedad se sentía cada vez más, hasta que por errores humanos tomamos un camino equivocado perdiendo minutos sagrados y asomando signos de frustración en todo el equipo, que afanosamente buscó y encontró el camino correcto que era pasar el bendito puente sobre el río que nos llevaría al Valle del Cocora en pocos minutos. 

A las 22:00 horas llegamos a una carretera pavimentada lo que ya se convertía en un momento de victoria, la felicidad ahora era estar abajo y solo tener un lugar donde poder descansar para esperar el transporte que nos llevaría a Salento nuevamente. Cosa que logramos gracias a nuestro amigo Carlos Lora que nos recogió en un Jeep dando una muestra real de solidaridad cuando simplemente las piernas no daban más y dar un simple paso era realmente doloroso, todo el cuerpo estaba funcionando por inercia y algunos compañeros al montarse al vehículo sintieron mareos que consideré normales por las pronunciadas curvas del camino, los movimientos al interior del vehículo y el cansancio acumulado. Estuvimos aproximadamente una hora en el hostal en el que habíamos pasado la noche el viernes, para pedir el favor que nos dejaran cambiar de ropa antes de salir a nuestros hogares. El chico que nos atendió efectivamente nos dijo que sí, y mientras lo hacíamos rápidamente nos obsequió una taza de café tinto a todos, lo que aprecié bastante por ser una gesto noble lo que hace de Colombia un destino tan atractivo para extranjeros y locales; la generosidad de su gente. 

Al ser las 12:00 horas Kevin y Cristian decidieron quedarse esa noche para descansar y viajar al día siguiente hasta sus casas en Tuluá, Valle del Cauca mientras Julián, César y yo tuvimos que negociar el precio de un viaje en taxi desde Salento, Quindío hasta Zarzal, Valle del Cauca lo afortunadamente salió bien para todos y pudimos estar en casa rápidamente en un viaje que honestamente se me hizo de unos veinte minutos, no sé si por el sueño que tenía o porque el conductor realmente demoró ese tiempo ya que las vías estaban vacías y nosotros agotados físicamente. Lo importante fue llegar, darme una ducha necesaria para dormir plenamente, levantarme al día siguiente y preparar con calma en mi mente las palabras adecuadas para escribir este texto e invitarte a conocer Colombia, su gente y sus lugares naturales inolvidables llenos de belleza y magia.

Autor: @andresamador2

by Andres Amador

¡Y no se equivocan con esta afirmación! Trujillo es un hermoso municipio ubicado en el centro del Valle del Cauca entre Bolívar, Riofrío, Darien, Chocó y Tuluá.

Llevaba semanas con ganas de ir y es así como después de llegar de Bahía Málaga en el pacífico me dirijo a esta linda población.

Llegué un martes por la tarde, me recibe Diego, Gerente de CultouR operador turístico de la región. El clima muy cálido a pesar del intenso verano que azotaba al Valle del Cauca.

Un pueblo muy tranquilo, con jeeps por todos lados descargando café, plátano y banano que vienen de la zona rural.

Después de disfrutar de un cafecito nos dirigimos a Cerro Azul o Alto de los Viejos por carretera destapada mientras el atardecer nos mostraba un paisaje increíble; cultivos de café y plátano sembrados en las laderas. Llegamos a la Reserva Natural Las Delicias donde Juan Pablo y su familia me reciben con la amabilidad que caracteriza a la gente de la zona. Un clima templado muy agradable y tranquilidad total. En este lugar no hay señal de telefonía móvil pero encuentras conexión con el campo. En el lugar existen dos casas: la casa principal donde vive la familia y la casa Antigua hecha en bareque donde duermen los trabajadores de la finca, allá armé mi carpa mientras sin necesidad de linterna la luna y las estrellas alumbraban todo, una noche muy bonita. Al día siguiente Keila una Hermosa pitbull va a mi carpa a despertarme muy temprano, salgo y lo primero que veo es todos los animales con sus sonidos particulares libres por todos lados: ganzos, patos, gallinas, cerdos, perros, pajaritos y pavos.

Subo a la casa principal donde Juan Pablo y su esposa me reciben con cafecito y pan e iniciamos el recorrido por la reserva. Aquí encuentras un bosque de gran variedad de árboles maderables muy altos que son protegidos para el sustento del ecosistema de fauna y flora; aquí vienen diversas especies de aves a comer, crear sus nidos, reproducirse etc.

Luego vamos por los cafetales de la finca donde el contraste entre sus granos verdes y maduros llenan de color el lugar, pasamos por el cultivo de tomate bajo invernadero donde Juan Pablo me explica cada proceso para producir tomate de muy buena calidad que es comercializado en Tuluá y Cali.

Seguimos por el galpón donde las gallinas producen huevos para el consumo de la finca y para comercialización, les damos bore que germina en la misma finca para darles la primera comida del día. Al lado se encuentra un lago pequeño donde tienen tilapias usadas para el consumo. Después vamos al trapiche donde se produce panela, guarapo y blanqueado de manera artesanal con el jugo de la caña. Finalmente volvemos a la casa principal donde Maria Elena, la esposa de Juan Pablo nos recibe con un delicioso desayuno: huevos con tomate y cebolla, arepa y café con panela. Todo producido en la misma finca.

Llega Diego en la moto, sacamos unas tomas y nos vamos para San Isidro (Bolívar) donde conocemos a Lina y Yeraldine emprendedoras que le apuestan al turismo y que tienen la marca @paloecafe; un café de origen delicioso cultivado a 1,850 m.s.n.m. Ademas, tienen una huerta muy variada de lechuga, cebolla, cilantro, tomate, captus entre otras plantas.

Seguimos al Hostal El Paraíso ubicado en la vereda la Soledad a unos pocos metros de Cerro Azúl donde Renzo el tío de Diego nos recibe con un delicioso almuerzo. El lugar tiene una de las mejores vistas del Valle del Cauca; desde ahí puedes ver Buga, San Pedro, Tuluá, Trujillo, Andalucía, Bugalagrande, Zarzal, Sevilla y Armenia ¡Wow, todo desde un solo lugar!

Descansamos unas horas mientras baja el sol, vemos como la lluvía cae en diferentes municipios del Valle, dejo mi mochila y seguimos para el Alto del Indio; un lugar con historía pre-hispanica, aquí el pueblo indígena gorrón subía para divisar 360 grados todo el panorama y establecer sus estrategias de defensa o ataque en caso de amenzada. Desde ahí se tiene una vista privilegiada de la represa SARABRUT. Esta represa pertenece a Bolívar y suministra agua potable a varios municipios del Norte del Valle y genera un contraste especial en la cordillera occidental.

Al descender nos encontramos con alguien muy especial; una víbora Talla X, una de las serpientes más letales de Sudamerica. Muy linda e imponente con sus figuras geométricas en su piel. Le tomamos algunas fotografías sin alterarla y seguimos nuestro camino hacía el Hostal. Aquí amanecí con una tranquilidad incomparable, clima frío y una vista noctura especial mientras Renzo el encargado del lugar me prepara una crema de tomate de su cultivo y me cuenta un poco de sus viajes por Colombia y Costa Rica.

Al día siguiente un delicioso café muy a las 6:00 a.m. dejo lista mi mochila y tomo un jeep para bajar a Trujillo. Me voy colgado de la parte de atrás del vehículo para disfrutar del paisaje agrícola de la zona mientras campesinos me cuentan cada cultivo, que produce cada vereda etc.

Me encuentro con Diego e iniciamos el recorrido en moto hacía Venecia un corregimiento ubicado en la zona sur del municipio. Subimos por unas trochas donde me tocó bajarme y caminar para que la moto pudiera seguir subiendo hasta Casa Balcón. Aquí guardamos la moto y nos vamos a buscar la cascada Luna de Marzo ubicada en la zona de amortiguación del Páramo del Duende a 2,300 m.s.n.m. Como era de esperar un ascenso fuerte en medio del bosque andino, pasando por moras silvestres. La vegetación se hace más densa, se empieza a escuchar el chorro y ¡Llegamos! Una increíble caida de agua de 25 metros aproximadamente, el agua viene del páramo y es muy fría. Aquí ves plantas y animales que sobreviven por las condiciones que genera este lugar que es obligado para visitarlo si vas a Trujillo. No todo es color de rosa, se nos olvidó llevar buen líquido y snacks así que tocó comer naranja muy simple de la montaña 😀

Regresamos a Venecia donde almorzamos y seguimos descendiendo hasta Trujillo. Aquí vamos a @cafetrujillo_ donde encuentras variedad de café de alta calidad. La clave está en el proceso de tostado que tiene estándares de calidad muy altos. De nuevo dejo lista mi mochila y nos vamos para Cedrales a unos 30 minutos de Trujillo en la montaña para donde Alirio en la finca Miravalle. Aquí tengo el privilegio de acampar en una zona plana en medio del cafetal con una vista de Tuluá privilegiada. Después de armar la carpa subo a la casa principal a comer mientras Alirio y su mamá me cuentan la historia del lugar, sus procesos en los cultivos y sus preocupaciones por las multinacionales que amenazan la sostenibilidad de los recursos naturales del lugar.

Al día siguiente muy a.m. me voy a caminar con Alirio en medio de los cafetales y plataneras del lugar, aquí estos dos cultivos se siembran juntos y se benefician mutuamente. Entiendo un poco sobre las variedades de café que tienen en el predio, sus procesos desde la siembra hasta la venta. Regresamos para disfrutar de un delicioso desayuno con frijoles calentados, arepa, huevo con tomate y cebolla, café y pan.

Finalmente regreso a Trujillo donde me tomo el tiempo de conocer un poco más de su historia, sus murales que representan su cultura campesina. Me voy feliz de tener la oportunidad de mochilear en el campo, compartir con familias campesinas muy amables y sencillas, entender cómo hacen para sus fincas sean auto-sostenibles, cómo trabajan con amor por la tierra para producir los alimentos que consumimos en la ciudad. Este es un pueblo renanciente que deja a un lado la violencia de los años 80 y 90 para pasar a ser una de las mayores despensas agrícolas del Valle del Cauca y que le apuesta al agro-turismo y turismo de naturaleza para crear nuevas opciones de vida para sus habitantes.

 

¿Cómo se llega a Trujillo?

Se llega a Tuluá, ahí se toma un bus que pasa primero por Riofrio y después llega a Trujillo. Es un viaje corto de 40 minutos.

Aquí puedes disfrutar de experiencias cómo:

  • Agro Tours
  • Coffee Tours
  • Cascada Luna de Marzo
  • En búsqueda de la leyenda en el Alto del Indio
  • Andinapolis; un hermoso corregimiento colonial
  • Puebli-tour

Estas experiencias las puedes encontrar en www.wowexperiences.com.co

Es un viaje recomendado para personas que les gusta la tranquilidad del campo y respetan la naturaleza. Recuerda no arrojar basuras y llevar la major vibra J

Autor: Julian Alvarado

IG: @julianxtreme

by Julian Alvarado