Siendo las 15:00 horas en Zarzal, Valle del Cauca nos reunimos en casa de Julián después de almorzar junto a su familia para alistar maletas con lo necesario e ir en busca de la montaña durante un fin de semana junto a nuestros compañeros de viaje: César, Kevin y Cristian a desconectarnos de todo lo innecesario y vivir una aventura llena de incertidumbre, largas caminatas y maravillosas postales naturales. Llegamos a Armenia, Quindío Julián, César y mi persona a las 17:00 horas aproximadamente a la terminal para tomar un bus urbano que nos llevaría al hermoso municipio de Salento, donde pasaríamos la noche en un hostal no sin antes dar una vuelta por el turístico lugar y esperar el encuentro con Cristian y Kevin que llegaban desde Tuluá, Valle del Cauca. Llegaron y nos juntamos en el mirador donde comimos solterita (dulce típico colombiano), conversamos, tomamos fotografías y avistamos el área que nos rodeaba mientras el viento templado nos abrazaba a las alturas en compañía de personas de diversas partes del mundo que pasaban de visita al igual que nosotros.

A eso de las 19:00 horas fuimos a comer pizza junto a un amigo más que nos recibió en su pueblo y acompañó en la cena para posteriormente ir al bar del hostal a organizar las rutas, establecer los planes y posteriormente relajarnos mientras nos dedicamos a tomar unas cervezas y contar anécdotas personales de cada miembro para conocernos un poco más, entablando así lazos de hermandad para lo que sería el día siguiente el inicio de una aventura nueva para la mayoría y un reto para todos. A las 8:00 horas del día sábado salimos desde Salento hacia El Valle del Cócora, hermoso lugar rodeado de la Palma de Cera, insignia representación de la flora colombiana ante el mundo, clima templado perfecto, desde donde inicia el ascenso a la finca La Argentina a 3.400 m.s.n.m donde debíamos alimentarnos, tomar bebidas calientes, bañarnos, aclimatarnos y pasar la noche para el domingo hacer iniciar el camino a cumbre desde la madrugada. 

Foto: @saldana.fotografia

Llegamos aproximadamente a las 15:30 horas, después de haber caminado, analizado y vivido el camino con toda la belleza natural que nos rodeaba solo acompañados por nuestros compañeros y la música que ejecutan entre sí los animales y el viento al chocar contra árboles, arbustos y montañas, lo que genera una sensación de calma, paz y temor a la vez al sentirse una profunda soledad y lejanía cuando se entra más y más a las profundidades de la nada, pero teniendo presente que tan solos no estaríamos. Tomamos las fotografías pertinentes durante el camino, hicimos las paradas necesarias para divisar la inmensidad y maravillas de la naturaleza, reflexionando, pensando y conversando internamente en primera instancia durante cada paso, pero también con nuestros compañeros de equipo que allá se convierten en una familia que se ayuda mutuamente sin necesitar nada a cambio más que el bienestar del otro. El camino es un disfrute doloroso, que en cada momento te regala recompensas que quedan para siempre en la memoria y relucen cuando compartes anécdotas e historias vividas en ese instante con otras personas y dibujas con la expresión corporal lo que sentiste.

Foto: @thechrismaru

Siendo las 17:00 horas después de almorzar, bañarnos y descansar un poco, salimos a un espacio abierto acompañados de ovejas, perros, gallinas, vacas, mulas, cerdos y hasta patos que vivían tranquilamente a esa altura como si nada los inmutara, había paz en ese sitio, ningún espacio se prestaba para pensar en otra cosa que no fuera solo ese momento, sostenerlo, abrazarlo y esperar que durara mucho; el presente estaba allí en su máxima expresión, todo se pone en su justa proporción donde únicamente lo necesario es válido, ese día y esa hora, nuestros amigos, la familia, los animales, las montañas y el viento era lo único importante, nada más.

Regresamos al interior de la cabaña para cenar en la cocina junto a las personas que nos atendían y otros aventureros de Norte América y Europa que venían a disfrutar de los paisajes naturales de Colombia; todos con una sonrisa, buena vibra y la mejor energía. El agua de panela caliente, completamente necesaria y la comida exquisita desde donde se le mire, nos daba el espacio perfecto para recargar fuerzas, pasar a reunirnos para planear el ataque a cumbre desde tempranas horas de la madrugada. Se hizo todo como acordamos, Julián dirigió la charla y estableció los parámetros a seguir, ya que dirigía la aventura porque ya lo había conseguido antes y afortunadamente todo salió bien; nos dispusimos a alistar maleta con lo necesario para finalmente salir en plena noche helada a observar el cielo estrellado, tomar algunas fotografías de la mano de Cristian y Kevin y maravillarnos de la compañía galáctica que se veía justo arriba de nosotros antes de ir a la cama.

Nos levantamos a las 3:00 horas del domingo, desayunamos sándwiches que teníamos preparados un día antes con café caliente, tomamos las maletas ya listas e iniciamos ruta al ascenso del Paramillo del Quindío con Cesar como guía acompañado de un gato de un color que no pudimos identificar por la oscuridad y que simplemente le llamamos ángel, que nos mostraba el camino apareciendo y desapareciendo con las horas mientras caminábamos y nos íbamos adaptando a la altura y el frío, respirando lento y realizando paradas poco prolongadas únicamente para comer algo con el objetivo de que rindiera el camino. Mientras el sol nacía detrás de las montañas laterales a nuestra vista, llegábamos a un paraíso lleno de frailejones de todos los tamaños, que representaban cada uno muchos años de existencia y nos hacían sentir mínimos ante la infinidad de la naturaleza, pero abrazados de un silencio eterno que solo el fuerte viento golpeando en nuestras caras y la baja temperatura en las manos podía opacar por instantes, mientras hacíamos nuestra antepenúltima parada pensando ya en alcanzar el pico en unas horas más y proporcionando calorías al cuerpo comiendo snacks y chocolates.

A eso de las 8:00 horas estábamos ya en la falda de la montaña objetivo y se podían observar desde las rocas de un lago volcánico todos los colores de otoño que hacían parte del hermoso Paramillo que con el agotamiento se convertía en un reto mayor aún que motivaba o hacía decaer los ánimos dependiendo la actitud con la que se tomara. Nuestro equipo que ya era una familia siguió con lo pactado y asumió con ímpetu la tarea de dar paso a paso, lo que desde ese momento se hace cada vez más complejo ya que se debe coordinar la respiración, la concentración y los movimientos de las extremidades para así mantenerse enfocado mientras se avanza, manteniendo un ritmo constante que pudiéramos soportar sin perder tanta energía que se necesitaría en los últimos metros antes de asaltar cumbre.

Llegamos subiendo muy lentamente al borde de la montaña que exige un momento de pausa para simplemente llenar tus ojos de magia, allí donde se experimenta la primera alegría, ya que a pocos metros tienes la cumbre pero al mismo tiempo te encuentras en un triángulo del cual se desprenden los departamentos del Quindío, Tolima y Risaralda además de un abismo sumamente terrorífico mientras el viento sopla fuerte empujando hacia él, debes aferrarte con los bastones ya que el suelo es extremadamente arenoso y se tiende a resbalar muy fácil; el sol imponente se suma quemando nuestras caras más cerca de lo habitual sacando de cada uno sentimientos tan humanos como el miedo, la preocupación, la rabia por los dolores y el cansancio pero llenos de adrenalina sabiendo que en poco tiempo estaríamos en la cima. 

Finalmente siendo las 11:30 horas y estando a 4.735 m.s.n.m Julián llega de primero y saca su celular para grabar a los que seguíamos gritando con euforia: ¡CUMBRE, CUMBRE! Lo que motivaba más a quiénes pisamos minutos después el lugar y constatamos la hermosa vista, esperando a que poco a poco se reuniera todo el equipo. Divisaba atrás el imponente Nevado del Tolima que se dejaba ver plenamente como si supiera que estábamos allí observándolo enamorados de su belleza; la nieve se veía plenamente. Nos juntamos felices, tomamos fotografías mientras pensaba sobre el enorme esfuerzo que toma llegar a un lugar del que sabes en pocos minutos tienes que irte para no tener líos graves por frío, hambre o mal de altura, trayendo esto consigo enseñanzas para la vida misma: ser humildes, entender que el universo es completamente indiferente a nuestros problemas, intentos fallidos o alegrías y lo diminutos que somos ante la inmensidad de la naturaleza que nos rodea y poco conocemos. 

Foto: @saldana.fotografia

Empezamos a descender a los pocos minutos porque el objetivo había cambiado y debíamos llegar a la finca La Argentina donde habíamos pasado la noche, para almorzar, recoger nuestras pertenencias y seguir el recorrido para llegar al Valle del Cocora, lugar de inicio de la travesía lo más temprano posible, con pocas pausas para que rindiera el camino y pudiéramos estar en la noche en casa. Llegamos a las 15:30 horas a la finca, tratamos de hacer todo rápido pero el tiempo pasaba rápido y el cansancio era más que evidente, los pasos se hacían más lentos y nos sentíamos más pesados, mis pies no soportaban una pisada más pero sabía que faltaban horas para culminar el recorrido por lo que se debía soportar; acá ya somos más mente que cuerpo, los descensos parecen más “fáciles” pero no lo son tanto cuando los llevas a cabo. La noche llegó con el paso de las horas, las linternas eran necesarias, las provisiones se iban agotando y los sentimientos de ansiedad por llegar a lugares conocidos salían a luz, sabes que no hay comunicación con el mundo exterior, estamos rodeados de naturaleza, animales y lo único que tenemos es la compañía de nuestros compañeros.

Siendo las 21:00 horas ya los sentimientos eran desesperantes un poco porque el dolor en los pies se hacía completamente notorio y soñaba con poder solo sentarme y tirar las zapatillas lo más lejos posible, sentías los mosquitos en la cara como queriendo molestarte por invadir su territorio y la humedad se sentía cada vez más, hasta que por errores humanos tomamos un camino equivocado perdiendo minutos sagrados y asomando signos de frustración en todo el equipo, que afanosamente buscó y encontró el camino correcto que era pasar el bendito puente sobre el río que nos llevaría al Valle del Cocora en pocos minutos. 

A las 22:00 horas llegamos a una carretera pavimentada lo que ya se convertía en un momento de victoria, la felicidad ahora era estar abajo y solo tener un lugar donde poder descansar para esperar el transporte que nos llevaría a Salento nuevamente. Cosa que logramos gracias a nuestro amigo Carlos Lora que nos recogió en un Jeep dando una muestra real de solidaridad cuando simplemente las piernas no daban más y dar un simple paso era realmente doloroso, todo el cuerpo estaba funcionando por inercia y algunos compañeros al montarse al vehículo sintieron mareos que consideré normales por las pronunciadas curvas del camino, los movimientos al interior del vehículo y el cansancio acumulado. Estuvimos aproximadamente una hora en el hostal en el que habíamos pasado la noche el viernes, para pedir el favor que nos dejaran cambiar de ropa antes de salir a nuestros hogares. El chico que nos atendió efectivamente nos dijo que sí, y mientras lo hacíamos rápidamente nos obsequió una taza de café tinto a todos, lo que aprecié bastante por ser una gesto noble lo que hace de Colombia un destino tan atractivo para extranjeros y locales; la generosidad de su gente. 

Al ser las 12:00 horas Kevin y Cristian decidieron quedarse esa noche para descansar y viajar al día siguiente hasta sus casas en Tuluá, Valle del Cauca mientras Julián, César y yo tuvimos que negociar el precio de un viaje en taxi desde Salento, Quindío hasta Zarzal, Valle del Cauca lo afortunadamente salió bien para todos y pudimos estar en casa rápidamente en un viaje que honestamente se me hizo de unos veinte minutos, no sé si por el sueño que tenía o porque el conductor realmente demoró ese tiempo ya que las vías estaban vacías y nosotros agotados físicamente. Lo importante fue llegar, darme una ducha necesaria para dormir plenamente, levantarme al día siguiente y preparar con calma en mi mente las palabras adecuadas para escribir este texto e invitarte a conocer Colombia, su gente y sus lugares naturales inolvidables llenos de belleza y magia.

Autor: @andresamador2

by Andres Amador

El Valle uno de los destinos más bonitos del pacífico Colombiano en Bahía Solano – Chocó. Era Julio de 2018, quería ir a un lugar con belleza natural, que no fuera demasiado turístico y cerca al mar. Buscando lugares unos días antes vi en Youtube el vídeo (Nuquí) Te quiero para mí de Chocquibtown y así me motivé a irme de vacaciones unos días a este rincón de Chocó.

Salí desde Zarzal (Norte del Valle) hasta Medellín, me alojé en el hostal Albaka en el sector Manila (El Poblado) donde me esperaba un delicioso cafecito mientras terminaba de organizar mi viaje. Al día siguiente después del desayuno llegué al aeropuerto Olaya Herrera para tomar mi vuelo en Satena Medellín – Bahía Solano; la duración del trayecto fue de 50 minutos hasta el aeropuerto José Celestino mutis donde dejas de ver el paisaje montañoso de Antioquia para para pasar a la selva Chocoana y finalmente ver ese azul – verdoso del pacífico. Estabamos en el mundial de Rusia 2018, justo cuando llegué a Bahía Solano empezaba el partido de semifinales entre Inglaterra y Croacia y justo en ese momento empieza a caer un “diluvio”. Al finalizar el aguacero me dirijo en un mototaxi de 3 ruedas hacia el corregimiento El Valle a unos 20 minutos del casco urbano. Allí me esperaba Dario para dirigirnos a Mamá Orbe Family Eco-Farm un hostal ubicado en el KM 4 de la Playa La Cuevita, una costa no turística de 9 kms de longitud donde se ve fauna y flora en su máxima expresión entre la selva, playa y mar y lo mejor estás aislado de todo obteniendo una conexión real con la naturaleza. El hostal está a 10 metros de la playa donde disfrutas del sonido del océano como en ningún otro lado, la energía es solar y las cabañas son en madera con arte impregnado en sus paredes. Al llegar me recibe Mamá Orbe, encargada del lugar con una sonrisa de oreja a oreja, es profesora quién enseñó en primaria en Cali durante varios años hasta que sus raíces la volvieron a llamar a sus orígenes como dice ella “mi vida está aquí en la abundancia natural del mar” y tiene mucha razón, aquí abundan los recursos naturales: peces, cangrejos, ballenas, delfines, jaguar, tigrillo, tortugas, martín pescador, pelicanos, lagartos entre otras especies. Y de cena me da una deliciosa corvina con buen aguacate y patacón. La noche cae mientras converso con una viajera inglesa quien trabajaba con la ONU enseñando inglés a los refugiados sirios en Grecia.

Al día siguiente me levanto temprano, el sol radiante mostraba ese azul profundo en el océano, desayunamos y salimos rumbo a El Valle donde abordamos la lancha para dirigirnos hacía el Parque Nacional Natural Utría. Salimos desde la desembocadura del río El Valle donde se une con el pacífico, el agua dulce y salada se cortan por varios kilómetros debido a diferentes densidades en sus sedimentos. En esta zona el pacífico es azul y verde haciendo un gran contraste con la selva Chocoana y la costa. La primera parada fue playa blanca donde el paisaje parece del Caribe; una playa pequeña blanca tranquila, islotes pequeños en frente, palmas de coco y selva atrás, un lugar especial que vale la pena visitar.

Volvemos a abordar la lancha y seguimos rumbo a Utría, en el camino vemos a una ballena pasando por un lado disfrutando así de un regalo de la naturaleza inesperado. El mar es un poco fuerte (por poco pierdo el teléfono en un salto de la lancha) hasta que llegamos a la Ensenada de Utría donde el mar es muy tranquilo y es un lugar especial donde las ballenas Yubartas dan a luz a sus ballenatos debido a la temperatura y tranquilidad del agua. Es una zona protegida por Parques Nacionales Naturales de Colombia, la entrada para nacionales cuesta $20,000 COP y para extranjeros el valor es de $40,000. El lugar cuenta con un sendero de madera muy bonito de 2 kilómetros aproximadamente estructurado sobre los manglares cristalinos donde puedes ver peces y reptiles con mucha frecuencia. Los guardarpaques además tienen un recorrido por el museo marino donde hay un esqueleto real de una ballena e información de las especies del ecosistema. Además puedes disfrutar de un delicioso almuerzo del pacífico con su típica salsa de coco. También puedes realizar otras actividades como snorkel o kayak.

 

Al llegar la noche nos fuimos a buscar una tortuga Golfina; Dario (el hijo de Mamá Orbe) lidera un programa por iniciativa propia para la conservación de esta especie. Recolecta los huevos en temporada de desovación para alojarnos en un tortugario y después liberarlas para así aumentar las probabilidades de supervivencia. No recolectamos huevos pero el cielo estaba completamente estrellado, la luz brillaba en el océano mientras se veía el resplandor de Nuquí y Panguí al otro lado de la costa. Además nos encontramos la Mapara; un cangrejo grande color naranja y morado.

El día siguiente realicé un entreno de 8k desde el hostal hasta el final de la playa La Cuevita ida y regreso. Subí unos acantilados para llegar a una cascada escondida que le cae al mar entre la vegetación. Se vive una tranquilidad enorme; era la única persona en toda la playa en ese momento. El mar entra muy fuerte en este paisaje rocoso, la marea sube duro durante el fenómeno de la puja y la quiebra donde la marea sube durante 6 horas, baja durante otras 6 horas y se queda 40 minutos quieta. Al volver al hostal Mamá Orbe me tenía preparada una deliciosa Albacora fresca (una variedad de atún) con salsa de coco, patacón, arroz y aguacate y lo mejor, la disfruté con el océano en frente. En la tarde viví una experiencia única; poder liberar tortugas recién nacidas al mar donde ves como la naturaleza es tan espectacular como cruel, los seres vivos desde el primer día deben luchar por sobrevivir, día a día es una lucha por la subsistencia.

 

El último día caminé hasta El Valle donde conocí la playa El Almejal donde se ve más turismo (en su mayoría extranjeros), hostales de europeos y se ve a varias personas haciendo Surf. Aquí te alquilan la tabla y te dan clases para que puedas disfrutar del pacífico al extremo. Además caminé las calles del corregimiento aprovechando que estaban en las fiestas patronales de la virgen del carmen para conocer un poco más sobre las costumbres y folklore de está región. Me uní a estas fiestas por una media hora, es imposible no contagiarse de la buena vibra de los nativos.

Estuve 5 días en este rincón maravilloso de Colombia recomendado para viajeros apasionados por nuevos destinos exóticos, conectados con la naturaleza y que respetan la conservación del medio ambiente. Se llega desde Medellín en un vuelo de Satena o ADA o desde Buenaventura en un barco que sale dos veces por semana (dura 18 horas el viaje en el mar). Se debe contar con la vacuna contra la fiebre amarilla, llevar buen repelente mientras te adaptas y muy buena vibra. La familia de Mamá Orbe es muy servicial, formal y con conocimientos ancestrales de la región. Me llamó mucho la atención que la mayoría de los turistas que se ven en esta zona son extranjeros que se asombran con el paisaje lleno de contrastes. Debemos conocer mejor nuestra Colombia llena de sabrosura y magia.

Autor: @julianxtreme

by Julian Alvarado

¡Y no se equivocan con esta afirmación! Trujillo es un hermoso municipio ubicado en el centro del Valle del Cauca entre Bolívar, Riofrío, Darien, Chocó y Tuluá.

Llevaba semanas con ganas de ir y es así como después de llegar de Bahía Málaga en el pacífico me dirijo a esta linda población.

Llegué un martes por la tarde, me recibe Diego, Gerente de CultouR operador turístico de la región. El clima muy cálido a pesar del intenso verano que azotaba al Valle del Cauca.

Un pueblo muy tranquilo, con jeeps por todos lados descargando café, plátano y banano que vienen de la zona rural.

Después de disfrutar de un cafecito nos dirigimos a Cerro Azul o Alto de los Viejos por carretera destapada mientras el atardecer nos mostraba un paisaje increíble; cultivos de café y plátano sembrados en las laderas. Llegamos a la Reserva Natural Las Delicias donde Juan Pablo y su familia me reciben con la amabilidad que caracteriza a la gente de la zona. Un clima templado muy agradable y tranquilidad total. En este lugar no hay señal de telefonía móvil pero encuentras conexión con el campo. En el lugar existen dos casas: la casa principal donde vive la familia y la casa Antigua hecha en bareque donde duermen los trabajadores de la finca, allá armé mi carpa mientras sin necesidad de linterna la luna y las estrellas alumbraban todo, una noche muy bonita. Al día siguiente Keila una Hermosa pitbull va a mi carpa a despertarme muy temprano, salgo y lo primero que veo es todos los animales con sus sonidos particulares libres por todos lados: ganzos, patos, gallinas, cerdos, perros, pajaritos y pavos.

Subo a la casa principal donde Juan Pablo y su esposa me reciben con cafecito y pan e iniciamos el recorrido por la reserva. Aquí encuentras un bosque de gran variedad de árboles maderables muy altos que son protegidos para el sustento del ecosistema de fauna y flora; aquí vienen diversas especies de aves a comer, crear sus nidos, reproducirse etc.

Luego vamos por los cafetales de la finca donde el contraste entre sus granos verdes y maduros llenan de color el lugar, pasamos por el cultivo de tomate bajo invernadero donde Juan Pablo me explica cada proceso para producir tomate de muy buena calidad que es comercializado en Tuluá y Cali.

Seguimos por el galpón donde las gallinas producen huevos para el consumo de la finca y para comercialización, les damos bore que germina en la misma finca para darles la primera comida del día. Al lado se encuentra un lago pequeño donde tienen tilapias usadas para el consumo. Después vamos al trapiche donde se produce panela, guarapo y blanqueado de manera artesanal con el jugo de la caña. Finalmente volvemos a la casa principal donde Maria Elena, la esposa de Juan Pablo nos recibe con un delicioso desayuno: huevos con tomate y cebolla, arepa y café con panela. Todo producido en la misma finca.

Llega Diego en la moto, sacamos unas tomas y nos vamos para San Isidro (Bolívar) donde conocemos a Lina y Yeraldine emprendedoras que le apuestan al turismo y que tienen la marca @paloecafe; un café de origen delicioso cultivado a 1,850 m.s.n.m. Ademas, tienen una huerta muy variada de lechuga, cebolla, cilantro, tomate, captus entre otras plantas.

Seguimos al Hostal El Paraíso ubicado en la vereda la Soledad a unos pocos metros de Cerro Azúl donde Renzo el tío de Diego nos recibe con un delicioso almuerzo. El lugar tiene una de las mejores vistas del Valle del Cauca; desde ahí puedes ver Buga, San Pedro, Tuluá, Trujillo, Andalucía, Bugalagrande, Zarzal, Sevilla y Armenia ¡Wow, todo desde un solo lugar!

Descansamos unas horas mientras baja el sol, vemos como la lluvía cae en diferentes municipios del Valle, dejo mi mochila y seguimos para el Alto del Indio; un lugar con historía pre-hispanica, aquí el pueblo indígena gorrón subía para divisar 360 grados todo el panorama y establecer sus estrategias de defensa o ataque en caso de amenzada. Desde ahí se tiene una vista privilegiada de la represa SARABRUT. Esta represa pertenece a Bolívar y suministra agua potable a varios municipios del Norte del Valle y genera un contraste especial en la cordillera occidental.

Al descender nos encontramos con alguien muy especial; una víbora Talla X, una de las serpientes más letales de Sudamerica. Muy linda e imponente con sus figuras geométricas en su piel. Le tomamos algunas fotografías sin alterarla y seguimos nuestro camino hacía el Hostal. Aquí amanecí con una tranquilidad incomparable, clima frío y una vista noctura especial mientras Renzo el encargado del lugar me prepara una crema de tomate de su cultivo y me cuenta un poco de sus viajes por Colombia y Costa Rica.

Al día siguiente un delicioso café muy a las 6:00 a.m. dejo lista mi mochila y tomo un jeep para bajar a Trujillo. Me voy colgado de la parte de atrás del vehículo para disfrutar del paisaje agrícola de la zona mientras campesinos me cuentan cada cultivo, que produce cada vereda etc.

Me encuentro con Diego e iniciamos el recorrido en moto hacía Venecia un corregimiento ubicado en la zona sur del municipio. Subimos por unas trochas donde me tocó bajarme y caminar para que la moto pudiera seguir subiendo hasta Casa Balcón. Aquí guardamos la moto y nos vamos a buscar la cascada Luna de Marzo ubicada en la zona de amortiguación del Páramo del Duende a 2,300 m.s.n.m. Como era de esperar un ascenso fuerte en medio del bosque andino, pasando por moras silvestres. La vegetación se hace más densa, se empieza a escuchar el chorro y ¡Llegamos! Una increíble caida de agua de 25 metros aproximadamente, el agua viene del páramo y es muy fría. Aquí ves plantas y animales que sobreviven por las condiciones que genera este lugar que es obligado para visitarlo si vas a Trujillo. No todo es color de rosa, se nos olvidó llevar buen líquido y snacks así que tocó comer naranja muy simple de la montaña 😀

Regresamos a Venecia donde almorzamos y seguimos descendiendo hasta Trujillo. Aquí vamos a @cafetrujillo_ donde encuentras variedad de café de alta calidad. La clave está en el proceso de tostado que tiene estándares de calidad muy altos. De nuevo dejo lista mi mochila y nos vamos para Cedrales a unos 30 minutos de Trujillo en la montaña para donde Alirio en la finca Miravalle. Aquí tengo el privilegio de acampar en una zona plana en medio del cafetal con una vista de Tuluá privilegiada. Después de armar la carpa subo a la casa principal a comer mientras Alirio y su mamá me cuentan la historia del lugar, sus procesos en los cultivos y sus preocupaciones por las multinacionales que amenazan la sostenibilidad de los recursos naturales del lugar.

Al día siguiente muy a.m. me voy a caminar con Alirio en medio de los cafetales y plataneras del lugar, aquí estos dos cultivos se siembran juntos y se benefician mutuamente. Entiendo un poco sobre las variedades de café que tienen en el predio, sus procesos desde la siembra hasta la venta. Regresamos para disfrutar de un delicioso desayuno con frijoles calentados, arepa, huevo con tomate y cebolla, café y pan.

Finalmente regreso a Trujillo donde me tomo el tiempo de conocer un poco más de su historia, sus murales que representan su cultura campesina. Me voy feliz de tener la oportunidad de mochilear en el campo, compartir con familias campesinas muy amables y sencillas, entender cómo hacen para sus fincas sean auto-sostenibles, cómo trabajan con amor por la tierra para producir los alimentos que consumimos en la ciudad. Este es un pueblo renanciente que deja a un lado la violencia de los años 80 y 90 para pasar a ser una de las mayores despensas agrícolas del Valle del Cauca y que le apuesta al agro-turismo y turismo de naturaleza para crear nuevas opciones de vida para sus habitantes.

 

¿Cómo se llega a Trujillo?

Se llega a Tuluá, ahí se toma un bus que pasa primero por Riofrio y después llega a Trujillo. Es un viaje corto de 40 minutos.

Aquí puedes disfrutar de experiencias cómo:

  • Agro Tours
  • Coffee Tours
  • Cascada Luna de Marzo
  • En búsqueda de la leyenda en el Alto del Indio
  • Andinapolis; un hermoso corregimiento colonial
  • Puebli-tour

Estas experiencias las puedes encontrar en www.wowexperiences.com.co

Es un viaje recomendado para personas que les gusta la tranquilidad del campo y respetan la naturaleza. Recuerda no arrojar basuras y llevar la major vibra J

Autor: Julian Alvarado

IG: @julianxtreme

by Julian Alvarado

Cuando buscamos lugares para ir al pacífico colombiano casi siempre miramos Juanchacho, Ladrilleros y La Barra. Sin embargo, buscaba un lugar muy tranquilo para iniciar mis vacaciones; un lugar poco frecuentado donde pudiera desconectarme para conectarme con la naturaleza.

 

En esa búsqueda por referencia de @zanfecax mi compañero en @wowexperiencesco encontré La Loma Chucheros, un lugar especial a una hora y media en lancha desde Buenaventura.

 

Llegué un miércoles a la hora de almuerzo después del viaje en lancha ¡Llegué en el momento perfecto! Yanency Portocarreño la anfitriona del hostal envía a su hijo para hacer el transbordo de la lancha al bote y así llegar. Me reciben con un delicioso plato de sierra frita, mi estancia en este lugar empezaba con pie derecho disfrutando de la sazón increíble de esta región.

 

Después de una siesta me voy a caminar la playa chucheros hasta el final disfrutando de un atardecer mágico; el sol se veía muy redondo y proyectaba un resplandor en el océano mientras se ocultaba. Además, en esa playa conocí dos cascadas con pozos de agua dulce cristalinos que hacen un contraste atractivo con el mar. Al regresar al hostal armo mi carpa, un cafecito y el sol se termina de ocultar entre la selva y el mar para dar lugar a la noche.

Al día siguiente recorro los senderos de la zona entre la selva húmeda para llegar a Playa Juan de Dios una playa hermosa de 200 metros donde el océano hace un contraste verde con la selva. Es muy tranquilo el oleaje, se ve muy limpia la playa debido a que los anfitriones de esa zona están muy atentos con el plástico que llega de otros lugares. Aquí oprimes un botón de pausa; todo sigue fluyendo mientras escuchas la melodía del mar, el viento y los animales de la selva. Al regresar por el sendero me encuentro con puentes de madera y un desvío para un mirador a mano izquierda desde donde se ve la playa coqueros y un intenso azul del océano.

El día viernes me levanto motivado muy temprano, un amanecer después de un intenso aguacero. Al abrir mi carpa veo a los 4 perritos del lugar a mi alrededor dando el “buenos días”. Desayuno y salgo con Haner en su lancha pequeña y sin techo rumbo a los manglares. A los pocos minutos de salir la naturaleza nos regala un privilegio: dos delfines nos acompañan por 3 minutos saltando a cada lado de la lancha, es inevitable emocionarse y sorprenderse con este espectáculo inesperado. Seguimos navegando y empezamos a entrar en los esteros o manglares donde se baja la velocidad de la lancha, el mar es más tranquilo y el contraste entre la lluvia (6 aguaceros de 5 minutos cada uno), niebla, vegetación del mangle y sonidos de los animales te hacen agudizar los sentidos. Es un lugar que parece un laberinto natural; muchas entradas y salidas. De repente empezamos a escuchar algo fuerte y grande, eran las cascadas de la Sierpe; dos cascadas de agua dulce entre 35 y 40 metros aproximadamente que caen a los manglares verdes. Un lugar especial, las cascadas caen en forma de serpiente por el viento, me tiré al agua, a pesar del frío por los aguaceros anteriores era difícil evitar la tentación del agua verde selva.

10 minutos y salimos rumbo a otro lugar especial; la cascada el Ostional una caída de agua de 12 metros y en su interior se encuentra un pozo de color azul y verde de 3 metros de profundidad. Fue uno de los lugares que más disfruté; se ingresa con motor apagado, es muy densa la vegetación y se sube entre unos escalones de roca para llegar al pozo. Después de unos minutos abandonamos el lugar, volvemos a salir a mar abierto para llegar a las Tres Marías; unas piscinas naturales entre los manglares que caen al océano. Aquí el parche o plan es disfrutar de cada pozo y tirarse por un tobogán natural que cae al océano.

Es un tour de medio día, se recomienda hacerlo con la marea alta o “puja” para poder llegar a todos los lugares en lancha y si la cámara o teléfono no es waterproof llevar protector para el agua. Al regresar al hostal Loma Chucheros Yanency nos tenía preparada Raya guisada con coco, una delicia.

 

El sábado no aguanté la tentación de probar otra de las delicias del pacífico; langosta fresca guisada con coco desde el mirador con el mar y los botes como recuadro. Me tomó varios minutos saber como empezar a comer este plato sin pinzas pero lo disfruté de inicio a fin.

Después de una siesta nos embarcamos en la lancha con una pareja de Cali y Bogotá para disfrutar de otro espectáculo; avistamiento de ballenas. Tuvimos la fortuna de ver a la ballena Yubarta con el ballenato. Esta especie cada año migra desde el polo sur hasta las aguas tropicales de países como Colombia y Ecuador para reproducirse. La temporada va desde Julio hasta octubre, cada ejemplar adulto oscila entre 20 y 25 toneladas y puede medir hasta 15 metros. Al regresar a chucheros el atardecer era tan especial que decidimos caminar nuevo estas playas en compañía de los caninos del hostal entre ellos “Kody” un pitbull que disfruta del mar como ninguno de nosotros.

El día domingo decidimos ir a Playa Dorada a través de los senderos, son 2 horas aproximadamente entre selva donde avistamos algunas especies como lagartos y tortugas de río hasta ver ese color dorado especial de esta pequeña playa donde el oleaje es fuerte pero donde vale la pena tirarse al agua. De regreso de nuevo en la playa Juan De Dios con Wilson un sobrino de Yanency con ambiente buena onda del pacífico, Cristian, Laura, su novio y Yo nos relajamos por completo con un parlante pequeño escuchando Bob Marley o Chocquibtown. Después llegamos a playa Coqueros donde comimos coco con panela mientras el sol se hacía cada vez más fuerte. Al regresar al hostal Yanency me tenía lista otra delicia de esta zona; un pargo rojo con bastante salsa, inmediatamente me acordé de parte de la inspiración de la letra de “Mi buenaventura” del Grupo Niche escrita por el maestro Jairo Varela.

Finalmente terminamos el viaje por esta zona, me quedo con gratos recuerdos, paisajes y personas increíbles. Aquí no se ve el estrés, no escuchas a los lugareños mencionando malas palabras o “renegando”, aquí la buena vibra predomina, te recarga y te renueva de energía positiva o buena vibra.

¿Cómo se llega a este paraíso? Primero se debe hablar con Yanency para que esté pendiente de la llegada y unos metros en el océano antes de chucheros se pueda hacer el transbordo. Se llega a Buenaventura y se dirige al muelle turístico donde se compra un tiquete ida y regreso a chucheros (valor actual $85,000 COP), la lancha primero llega a Juanchaco y después se dirige unos 10 minutos frente a la bahía donde se hace el transbordo.

 

En el hostal hay energía en la noche de 6 p.m. a 9 p.m. hay señal móvil y hay hospedaje disponible en habitaciones o camping.

 

Aquí se puede disfrutar de diferentes tours cómo:

 

  • Kayak entre manglares
  • Cascadas la sierpe
  • Avistamiento de ballenas (de Julio a Octubre)
  • Gastronomía del pacífico
  • Avistamiento de delfines

 

Estas experiencias se pueden encontrar en www.wowexperiences.com.co donde puedes reservar.

 

Amig@ lector@ este es un destino que se encuentra en el Parque Nacional Natural Uramba Bahía Málaga, es para personas que quieren desconectarse y disfrutan de la naturaleza, son conscientes de la conservación y respetuosos con el medio ambiente. Recuerde no tirar basura en las playas o senderos, recoger la que pueda y no ser invasivo con las especies de fauna del lugar.

Autor: Julian Alvarado

IG: @julianxtreme

by Julian Alvarado